La fe tendría la "culpa" de mi suerte

Soy multimillonario

SOBRE LA MARCHA, cap. III


Algunos, para excusarse y tratar de "comprender" la vida que llevo, me dicen:

--Claro, tú como tienes fe...

Esa es la "absurda" razón que hace que los cristianos vivamos un tipo de vida que ellos no quieren vivir. La fe, en efecto, hace descubrir a Dios y, como dice la liturgia eucarística, por Él, con Él y en Él el existir humano alcanza unas dimensiones inimaginables para nosotros desde todos los puntos de vista.

Habría mucho que decir sobre cómo es nuestra vida en Dios, pero no es lo que pretendo en estas páginas. Sí me interesa subrayar que pienso que es importante hacerlo todo -cualesquiera que sean las circunstancias personales del momento concreto- por Él, para Él: por amor a Dios. Y las cosas no cambian por estar en silla de ruedas o por tener una vida algo más complicada que la mayoría de la gente. Aunque no sea yo una persona normal en estos aspectos, en lo fundamental, sin embargo, soy exactamente como los demás y procuro que el amor a Dios sea de hecho lo que me impulse.

 

 

No me falta el apoyo que necesito


La fe va iluminándome de forma permanente, de modo que me considero siempre ante mi Dios, contemplado por Él, en su presencia, aunque a mí -lo siento de verdad- con frecuencia se me olvide. Mientras leo, escribo, charlo con un amigo o veo un programa de televisión se me va a veces el santo al cielo -nunca peor dicho- al perder de vista que Él me contempla y me está queriendo y ayudándome como un padre que desea para su hijo pequeño lo mejor.

¡Cuántas veces me quejo por dentro porque no comprendo que las cosas no salgan como a mí me gustaría! Para esos momentos ya me he acostumbrado a pensar que, siendo Quien es, lo sabe todo y lo puede todo, que es infinitamente bueno y me quiere como a un hijo. Se pone en juego la fe, que me sirve para no negarle, tampoco cuando la vida se me pone cuesta arriba -"de punta", suelo decir-, cuando me canso y miro las cosas de tejas abajo, pensando en lo duro que es estar como estoy. Apoyándome en la fe, he ido comprobando que todos los días, hasta los más duros, son soportables. Honradamente, no puedo afirmar que haya padecido un excesivo sufrimiento, sino que, para cada momento, para cada circunstancia, he contado con una fuerza interior para amarle. Esto confirma mi fe.

 

 

Situación de privilegio

 


Me siento en una situación de privilegio respecto a los que no tienen fe. Como se siente un astrónomo desde su punto de observación ante el firmamento si se compara con el que sólo dispone de sus sencillos ojos para mirar. ¡Cuántos más detalles de la misma realidad es capaz de captar y transmitir quien dispone de telescopio! Pues lo mismo ocurre con la fe. Gracias a ella veo: creo que un Amor inmenso preside mi vida. Y la de todos, aunque muchos no se den cuenta.

Por resumir mi problema, diría que soy un multimillonario que ha perdido sólo mil pesetas.

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